
A raíz del reciente plagio que compromete a Etiqueta Negra decidí peinar la revista en busca de los nuevos jotitas del balompié. Alguno debía existir. Así, tras muchas páginas revisadas, me topé con una verdadera revelación. Su nombre es un enigma: Fritz Berger Ch. Se encarga de la sección Biblioteca de Autoayuda. El ensayo, en esta ocasión, versa sobre la buena aceptación que goza nuestra gastronomía (al punto que hasta la clase política quiere servirse de ese plato). Basta un extracto para asentir con la cabeza:
"Ante el desplome sistemático de cualquier otra representación -deportiva, política, intelectual- lo comestible se yergue en viga maestra de acervo e identidad. Y en perentoria oportunidad de negocio, cómo no. Usted, que siempre supo hacer una que otra tontería en la cocina, también puede ser un chef famoso y bendecido por la gula ajena." (Manual para ser protagonista del boom de la cocina peruana, p.32. Etiqueta Negra año 6 número 57)
Ok, es bueno. Pero mejor sigamos:
"El reto es constuir una leyenda (...). Una combinación infalible, dada la imperante estética del guerrero herido, sería reunir una serie de leves minusvalías: un sutil seseo, una media cojera y un parche en el ojo. Esto habría de estar refrendado en un anecdotario culinario semiverosímil: usted perdió el globo ocular al cocinar el legendario plato mongol Conejo hervido vivo a la fuerza con una sola mano."
Más:
"Atrévase a experimentar más allá de los límites del sentido común (y la salubridad pública). ¿Cuánto más habrá que esperar para que un audaz chef peruano pueda servir, sin que le tiemble la mano, unas Finísimas hojuelas de párpado de vaca untadas con paté de trasero de cuy sobre una gelatina de vejiga de tilapia acaramelada? Mi paladar espera."
Bravo. Ovación de pie. No busquen más. Dense por bien servidos.